martes, 9 de febrero de 2016

Chenonceau y sus siete mujeres

#chenonceau  #loira  #francia


Hoy visitaremos Chenonceau, el primer castillo de la zona diseñado especialmente como residencia de placer, y uno de los castillos con más visitantes en Francia.


No es para menos. Su imagen, completa con su reflejo sobre el río Cher, es representativa de toda la zona del Loira. Impecablemente mantenido por sus propietarios, lleno de flores en verano y con sus hogares a leña en funcionamiento en invierno, Chenonceau es una visita imperdible. Por eso, las multitudes pueden llegar a ser importantes.



TIP: Ver horarios en sitio web, llegar cuando abre o después de las 17 hs.

Luego de un muy buen desayuno en nuestro albergue, salimos con lluvia. Por consejo de la compañía donde alquilamos el auto (Hertz), pasaremos por una concesionaria (todos los autos están en garantía) para ver si nos resuelven el tema de no poder cargar el GPS. Llegamos bajo una lluvia torrencial. Explicamos nuestro problema al jefe de taller, y para nuestra sorpresa, esperamos una media hora y voilà... tema resuelto. Cosa de fusibles.

No hay mal que por bien no venga. Durante los minutos perdidos la lluvia fue menguando, y cuando nos pusimos en marcha hacia Chenonceaux ya había cesado. Eso sí, llegamos con cielo gris y amenazante, y así se mantuvo hasta la tarde. Las fotos mostrarán el cambio.
En unos minutos llegamos al enorme predio de estacionamiento, de tierra, y nos dimos cuenta de que íbamos a tener bastante compañía.

TIP: un consejo que vale siempre: acordarse bien del lugar donde uno deja su vehículo. Ubicar (foto) una señal, un árbol, un camino, o tratar de guardar las coordenadas en el GPS. Es muy común en Francia que los sitios no estén marcados ni numerados y hemos dado vueltas y vueltas más de una vez buscando nuestro auto. Y no dejar nada a la vista! Mis consejos para auto aquí.

Desde allí, son unos 20 minutos hasta el ingreso al château.

Pasamos por las taquillas... Como ya tenemos nuestras entradas compradas, no hacemos fila. Aunque también hay máquinas automáticas para su expendio. La entrada incluye un buen folleto, que conviene, como siempre, leer antes de comenzar la visita.

TIP: también hay un audioguide para alquilar, basado en ipod. Se puede bajar previamente, info aquí.

Obviamente, como no llegamos temprano, ya hay multitudes. No aprovechamos nuestro propio consejo!

Desde allí comienza el parque del castillo.

Pongámonos en ambiente con un poquito de música de la época.





Nos imaginamos ser visitantes en su época de esplendor... por aquí entrarían los carruajes... a la izquierda iremos viendo jardines y un laberinto, para paseo y entretenimiento de los invitados... (también se pueden visitar de noche, con iluminaciones y música, entrada aparte); a la derecha diversas construcciones de servicio que hoy son cafeterías, baños, etc.


Finalmente llegamos a la explanada y torre de entrada, sitio del original molino fortificado.

Ya en el siglo 15 existía en el lugar, sobre el río Cher, un molino fortificado.
Entra en escena Thomas Bohier, tesorero real, que sirvió a varios reyes. Le encantó el lugar y quiso comprarlo, pero el dueño se hacía rogar. Entonces fue comprando los terrenos adyacentes hasta que por fin pudo hacerse del molino.
Lo mandó demoler, dejando en pie la torre que aún vemos, remodelada. Y comenzó su plan para construirse una residencia de descanso.El lugar se estaba poniendo de moda.
La construcción se realizó entre los años 1513 y 1521, lo que explica la homogeneidad estilística del edificio.

El château de las Damas

Chenonceau se ganó ese sobrenombre por la influencia superlativa que tuvieron siete mujeres en su historia. Algunas más que otras, algunas tristes, otras alegres, otras trágicas.

Katherine Briçonnet
Wiki

Fue la primera. Era la esposa de Bohier, y parece que estaba dotada de condiciones administrativas y, como se diría hoy, de liderazgo. Como don Thomas viajaba mucho en razón de sus responsabilidades, sobre todo a Italia, donde había guerra y nuevos dominios franceses para esa época, Katherine se hizo cargo de la construcción, de los detalles arquitectónicos que para la época eran avanzados y del comienzo del amueblamiento y decoración. Entre las novedades arquitectónicas: cuartos en todos los pisos que daban a un hall central, bóvedas de cañón, y sobre todo una gran escalera en estilo italiano (recta) que era mucho más adecuada para el ingreso de invitados a las recepciones, en lugar de las góticas (en espiral).


A la muerte de Bohier y su esposa, sus herederos tuvieron que hacer frente a una demanda de resarcimiento pues se descubrió que las cuentas del buen Thomas estaban medio flojitas. O eso se dijo, lo de la justicia independiente en esa época no era demasiado usado, y el recurso de confiscar propiedades que gustaban al rey era común. Cuestión que la propiedad pasó a la corona, y Francisco I° la usó como coto de caza.

Diana de Poitiers

Viuda, noble, y muy rica, de una belleza legendaria, de gusto exquisito, y con gran habilidad para la administración. Hacia 1538, por esas cosas de la vida pasó a ser la amante del joven delfín que años después sería el rey Enrique II, quien entonces tenía 19 años. Diana, 20 años más que él.
Enrique ya estaba casado con Catalina de Médicis, quien se tomaba la cosa en serio y nunca pudo ver a Diana.
Cuando fue rey, Enrique la consultaba en asuntos de estado. Su influencia creció constantemente, lo mismo que el odio de Catalina.


En el château hay un retrato de Diana, como la mitológica Diana Cazadora, pintado por Francesco Primaticcio.

Diana se entusiasmó con Chenonceau. Con una maniobra de contabilidad creativa, se puso en subasta la propiedad y Diana la compró, con sus ahorros.


Allí pasó la mayor parte de su tiempo, e hizo construir el gran jardín del Este, frente al castillo, y también el famoso puente de cinco arcos sobre el río, que había estado en los planes de Bohier pero había quedado postergado.


En 1559 al rey Enrique se le ocurre participar en un torneo caballeresco, y es derribado de un lanzazo. Muere de las heridas recibidas poco después.

Es el momento esperado para la postergada reina.

Catalina de Médicis

Catalina tiene tres hijos que podrán ser reyes a su mayoría de edad. Y está dispuesta a ejercer su regencia (y luego su papel de reina madre) como una verdadera reina. (en beneficio de los chicos, claro)

Como Diana estaba tan enamorada de Chenonceau, la humilla obligándola a cedérselo. A cambio, le da el castillo de Chaumont. Además, la obliga a devolver las joyas que en su momento le regalara Enrique.
Como una maldad menor, hizo retirar el cuadro de Primaticcio del dormitorio que ocupara Diana, reemplazándolo con el suyo. Pero nunca ocupó ese cuarto.


Diana nunca vivió en Chaumont, retirándose a otra de sus propiedades, el castillo de Anet, donde murió en 1766, a los 67 años. Todavía una singular belleza según cuentan.

Luego Catalina se dedica a construir poder para asegurar la monarquía. Como buena de' Medici, le encantan las artes y la magnificencia.

Ofrece fastuosos entretenimientos en Chenonceau, que incluyen banquetes, bailes, mascaradas, fuegos artificiales y hasta representaciones de batallas navales en el río Cher.


Dispone alteraciones y agregados en Chenonceau. Agrega cariátides a la fachada, un jardín enfrente del de Diana, y hace construir dos pisos sobre el puente, donde tendrá lugar suficiente para hacer sus recepciones, que por supuesto también le servían para recolectar información...




Pasamos ahora a una dama trágica:

Luisa de Lorena
Wiki

Catalina dió Chenonceau a su nuera Luisa, esposa del rey Enrique III, su hijo. Tras la temprana muerte de éste tras un atentado, Luisa se retiró allí y se vistió de blanco (color de luto según la etiqueta real), por lo cual se la conoció como la Reina Blanca o la Dama Blanca. Además, hizo decorar su dormitorio completamente de color negro, inclusive el techo.
Pasó sus últimos años dedicada la lectura, la aguja (de bordar) y la oración.

Luego de varios pases de mano, en el siglo 18 la propiedad llega a Dupin, un granjero devenido general y financista, a la sazón tesorero real. 
Pero la que le dio un giro especial a Chenonceau fue su esposa, Louise Marie Madeleine Fontaine, más conocida como

Madame Dupin
Wiki
De gran belleza y encanto, se destacó por sus dotes intelectuales y por interesarse por el mundo de las ideas. Mantuvo 'salones literarios' que frecuentaron Voltaire, Fontenelle, Marivaux, Montesquieu, Buffon...
Estos salones eran un entretenimiento de las elites y contribuyeron decisivamente a la propagación de nuevas ideas sociales y políticas.
Durante unos años Rousseau fue tutor de su joven hijastro, para quien escribió su ensayo sobre educación 'Emile', y también fue empleado como secretario por Dupin y Mme. Dupin.
Ella misma escribía, colaborando en obras de su marido y trabajando en un volumen sobre ideas feministas que tituló 'Sobre la igualdad de hombres y mujeres'. Nunca se animó a publicarlo.
Su involucramiento intelectual en el 'Siglo de las Luces', que en Francia terminaría tan dramáticamente, fue lo que le permitió navegar bastante bien los acontecimientos de la revolución.
Con eso y el afecto de la gente sencilla del pueblo cercano pudo mantener a salvo a Chenonceau, a pesar de que varios miembros de la familia de su marido conocieron la prisión.

La última morada de Louise es una sencilla tumba en el bosque de Chenonceau.

Pasan los años... llega el turno de

Madame Pelouze
Wiki

Nacida Margarita Wilson, heredera de una cuantiosa fortuna, casada y separada del médico Pelouze, adquiere en 1864 el castillo. Proveniente de la burguesía industrial y aficionada a las antigüedades, dedica su vida a restaurarlo y devolverlo a su gloria pasada. Catalina de Médicis había hecho algunas modificaciones y reformas que fueron revertidas. Como las famosas cariátides en la fachada, que Mme. Pelouze hizo trasladar al parque, mejorando la homogeneidad visual. Dio fiestas al estilo de aquella época, y en una oportunidad Claude Debussy tocó allí con una orquesta de cámara ad-hoc.

Finalmente la acumulación de deudas y un escándalo financiero protagonizado por un hermano cierran este ciclo de restauración.

Luego de pasar por las manos de un latinoamericano y su familia, diputado por Cuba a las Cortes Españolas, el castillo es adquirido en 1913 por Henri Menier, acaudalado industrial y dueño de la Chocolatería Menier. La familia sigue administrando esta joya del Loira hasta nuestros días.

Por lo que se puede ver, de forma impecable.

Las guías y los libros históricos hablan de seis mujeres importantes en el devenir de Chenonceau. La guía que se entrega a la entrada, muy completa, de calidad e incluída en el precio de la entrada, habla de una séptima, y creo que vale la pena mencionarla. Dedicarse a salvar vidas lo merece, a mi juicio.



Simone Menier
Wiki




Durante la Primera Guerra Mundial, los dueños convirtieron el castillo en hospital de campaña. Lo mismo hicieron unos cuantos castellanos más.










La gran sala, que atraviesa el río Cher, sirvió de sala general donde
convalecieron en total 2254 heridos.
La enfermera jefa era Simone, miembro de la familia.

Como hemos referido en otro lugar, durante la Segunda Guerra, el límite entre la Francia ocupada por Alemania y la Francia 'libre' era el rio Cher, así que este lugar fue testigo de unos cuantos intercambios de prisioneros.







Luego de esta digresión histórica, seguimos con la visita...
A mi gusto, los exteriores de la mayoría de los castillos son más interesantes que los interiores. Hay que tener en cuenta que para la mayoría el tiempo no ha pasado en vano, hubo guerras, revoluciones, arreglos, agregados, cambios de gustos... aquí en Chenonceau, como en otros lugares, la restauración ha sido exquisita y los muebles y demás decoraciones interiores corresponden a la época. Pero claro, sin garantía!


Habíamos llegado hasta la explanada de entrada. Nos recibe la torre, única construcción del molino original que los Bohier dejaron en pie, agregándole una parte superior en estilo renacentista. Se puede ver a simple vista la diferencia en la terminación de los muros.


Seguimos y entramos al cuerpo principal. Es notable la monumental puerta de roble, con las marcas de los dueños originales.

Adentro, todo muy organizado... hay que circular en sentido horario, pasando por la sala de guardia, (notables las baldosas cerca de las paredes, cuyo dibujo original ha sobrevivido las pisadas de siglos)


la capilla, el dormitorio de Diana, donde vemos el cuadro de Catalina, sobre un hogar con las iniciales reales... Henri y Catalina! Tomá esa! Y otros dormitorios reales con estupendos tapices.


La Gran Galería cruza el río. Aquí estaba la sala principal en el hospital montado durante la 1° Guerra. Cuando en 1650 Luis 14 visitó el castillo, le gustaron tanto las esculturas que rellenaban los nichos que se las llevó para Versailles.



Aquí Catalina (contemporánea de Isablel I de Inglaterra) organizaba sus fastuosas recepciones.


Uno de los lugares más interesantes para mí resultó ser la cocina.



Con equipamiento 'state-of-the-art' (siglo 16), y ubicada a nivel del río, en previsión de incendios y también para contribuír a la calefacción de los pisos superiores.

La escalera recta, toda una novedad cuando se construyó, nos lleva a más dormitorios reales...


Un balcón al frente nos permite vistas de los jardines de Diana y Catalina.


Los muros exteriores tienen 6 m de espesor. En pasillos y corredores se notan interesantes detalles.



Por ningún lado se ven baños, ni cañerías. No hacían falta. Sirvientes se hacían cargo de la recolección, traslado y disposición final de cualquier cosa que hoy necesitaría cañerías... las paredes albergan pasadizos por donde circulaban las personas dedicadas al servicio de la casa casi sin ser vistos. También escapes de los numerosos hogares que mantenían calefaccionados los ambientes... el aire caliente calentaba las paredes.

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Salimos. Damos unas vueltas por los jardines, admirando el exterior... y pensando en todo lo que hemos visto y oído.
No mucho tiempo, ya va siendo hora de comer algo.
Para esto hay opciones para distintos presupuestos. Una cafetería, una crêperie, un restaurant... y, si es la hora del té, también se lo puede hacer con elegancia.

Desafiamos las multitudes que a esta hora tienen la misma idea fija que nosotros, y comemos algo en la cafetería.

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Ah... una última duda: Chenonceau o Chenonceaux?
El primero es el castillo, el segundo, el pueblito cercano.

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Nos queda tiempo... vamos a intentar llegar a Azay-le-Rideau antes de que cierren.

Nos vemos!



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