martes, 16 de abril de 2013

#Edinburgh Dia 2 - el Castillo y más Royal Mile

Seguimos en #Edinburgo. Buen desayuno. Salimos temprano para ir a misa. Hemos descubierto (qué útil que es Internet, no?) una parroquia aquí cerca, así que en una mañana desapacible nos acercamos.
La misa resulta ser un poco anticuada en la liturgia, pero la feligresía, muy variada, parece bastante cálida. A la salida todos se tratan como viejos conocidos. Saludando al celebrante (obispo residente) nos detecta aspecto de turistas y pregunta de dónde somos... en cuanto le decimos, continúa charlando en perfecto castellano... resultó que había estudiado en España.
Luego de este momento, nos tomamos el ómnibus hasta el centro. Andamos la Royal Mile (High St.) hasta el castillo, y allí nos felicitamos por haber sacado los tickets de entrada con anticipación... las filas son larguísimas.

Inmediatamente antes del castillo, una gran explanada fue abierta a comienzos del S19, especialmente para desfiles militares. Hoy se usa para un espectáculo militar-musical, un masivo encuentro de bandas militares llamado Military Tattoo, y las gradas instaladas quitan mucho la perspectiva del castillo. Pero, negocios son negocios... Este espectáculo es bastante popular, se da en agosto pero parece que las gradas van quedando y contaminando la vista.



A la entrada nos están esperando nuestros ya viejos conocidos William Wallace (Corazón Valiente) y Robert the Bruce. (Aquí habíamos comentado la historia.)


En el castillo, hay gente al por mayor, y la organización no es tan perfecta como en Windsor. Nos vamos arreglando, entrando y saliendo en los distintos salones, eludiendo la lluvia que a veces nos sorprende en algún patio. 



La guía grabada, por la cual se cobra aparte, es muy buena y nos va llevando por las diferentes épocas del Castillo. Nos concentramos en la parte histórica, arquitectónica y artística y pasamos de largo por los museos militares, que mayormente exaltan épocas modernas, donde los escoceses tuvieron lucida intervención en diferentes guerras.



Los panoramas de la ciudad son fantásticos desde las alturas del castillo. Como es de esperar. Serían mejores con buen tiempo, pero según dicen los escoceses, el clima que padecen es una de las desventajas de vivir tan cerca de Inglaterra.






Chiste de escoceses: 
_ Porqué en el castillo se dispara un   cañonazo a la una de la tarde?
_ Para no gastar más de una bala...





Completada la visita, salimos nuevamente a la explanada. Realmente insólito que la tengan ocupada con los andamios del famoso Tattoo...
Por ahí hay una plaquita recordando las 300 'brujas' que fueron ejecutadas aquí, en alguna de las cacerías que hubo entre los siglos 16 y 18. Hay quienes dicen que Escocia es el lugar donde más 'brujas' se quemaron per capita... 



Mas allá, un camioncito que vende helados tiene un día brillante. Caminamos para abajo la milla...



Seguimos bajando por la Royal Mile. Hay que ir mirando las callecitas laterales, algunas ofrecen vistas muy bonitas de las partes bajas de la ciudad, y otras son closes con acceso a patios antiguos muy interesantes.


Pasamos por el Scotch Whisky Experience, trampa turística no recomendable salvo que no se haya podido visitar una destilería de verdad, y uno se muera de ganas de hacerlo.
(Le dicen Malt Disney)




A los pocos pasos, la iglesia neogótica TolboothChurch, desacralizada, ahora oficia de Centro de Información y venta de tickets para las distintas actividades del Festival de Edinburgo, donde en agosto la ciudad tira prácticamente la casa por la ventana con cientos de actividades culturales y artísticas de todo tipo. Aparte del festival oficial, están los extraoficiales y hasta hay uno de política, donde vienen invitados de todo el mundo y se debate sobre temas como ambiente, población, derechos... De paso, ojo con los alojamientos porque en esa época se ponen difíciles y caros. Simple oferta y demanda.
Siempre me produce un sentimiento de profunda melancolía una iglesia desacralizada. Qué habrá sido de sus feligreses? Dónde irán ahora, si es que van a algún lado?

Entre tiendas de artículos de lana, filas de postales y recuerdos para turistas seguimos caminando.






Guiño a lectores de Ayn Rand... no, este no es el personaje de 'La Rebelión de Atlas', es un novelista escocés homónimo... esta placa en el piso lo conmemora.








Visitamos la casa (edificio o tenement) Gladstone (Gladstone's Land), pequeño museo sumamente interesante, dado que la construcción se mantiene muy cuidadosamente.



Originalmente del S16, la propiedad fue comprada por Thomas Gledstane, próspero comerciante que la renovó y expandió en el S17, usando la planta baja como negocio y el primer piso como su residencia, y alquilando el resto a varios inquilinos de distintas clases sociales. Nos quedamos pensativos, observando el mobiliario, la decoración y la falta de agua... este vital elemento había que buscarlo en la calle, donde regularmente espaciados había pozos que se alimentaban desde un reservorio central en el area de la explanada del castillo.
Al principio, estos tenements eran de lo mejor, y estaban en la mejor zona. Con el tiempo, al ir albergando cada vez más gente, las condiciones de vida fueron siendo cada vez peores... simplemente no había espacio, ni agua.
Llaman la atención las vigas de madera, profusamente decoradas con motivos florales, y las arcadas del frente, que protegían a los clientes del negocio. Estas arcadas eran comunes en la época pero hoy son las únicas que subsisten. En el cartel de la entrada hay un halcón dorado, en referencia a gled (por el dueño), que en gaélico significa halcón.

Pasamos también por una casa donde algunos suponen que vivió John Knox.



Llega, muy serio luciendo su kilt, llevando una valija. El lugar que siempre ocupa está vacío... nadie se atreve a reemplazarlo. Meticulosamente, extrae de su valija su amada gaita escocesa, la arma...
Se coloca en esa puerta, que lo oye desgranar sus atávicos acordes casi todos los días... comienza el concierto. Así seguirá durante un par de horas...
muchos caminantes siguen de largo, ya acostumbrados a sus sonidos. Otros se detienen y, como yo, aprovechan para llevarse una foto de recuerdo.







El estómago reclama. Paramos para un almuerzo agradable en el típico pub Deacon Brodie. (calidad regular, demasiado turistico, pero divertido). Se imponen unas líneas con respecto al nombre...



El extraño caso de Deacon Brodie.

William Brodie era un respetado artesano ebanista de Edinburgo, diácono (dirigente) de la corporación correspondiente, de numerosa clientela aristocrática y pudiente, y para coronarlo, funcionario público.
Todo eso, de día.
De noche, parece que se dedicaba a la juerga. 

Whisky, juego, mujeres...

Como no había dinero que le alcanzara (algunos sostienen que era por la adrenalina), comenzó a robar en las casas donde instalaba puertas o arcones, con el truco de hacer duplicados de las llaves que le confiaban. Hasta que lo pescaron.
Descubrimiento, fuga, apresamiento, juicio, condena y horca. Para colmo, la horca la había construído él!
Hasta ahí los hechos más o menos históricos.
Tiempo después, Robert L. Stevenson, edimburgués como él, se inspiraría en Brodie para su famosa novela 'El extraño caso de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde'.





Cruzamos el 'fin del mundo'... seguimos por Cannongate.

Pasamos por el Cadenheads Whisky Shop... esto no es un museo, ni se cobra entrada. Pero es todo un espectáculo. Se trata de una tienda que se dedica a embotellar whiskys, y otras bebidas espirituosas, directamente de barriles de las mejores destilerías... están en el negocio desde 1842 así que se ve que dominan el asunto. El conocedor seguramente disfrutará conversando con alguno de los dueños y probando un par de maltas, antes de comprarse alguna botellita.

Así llegamos al palacio de Holyroodhouse... llueve a ratos. Le damos muy buen uso a nuestros paraguas. Este palacio, residencia real, fue el preferido de la realeza escocesa y luego inglesa, por su mayor comodidad y lujo.
El castillo del otro lado de la Royal Mile es demasiado austero y militar...
Llegados hasta las rejas, decidimos que no tenemos tantas ganas de ver otro castillo/palacio, aunque también dicen que es muy buena la colección real rotativa de pinturas.


Merodeamos un poco por las cercanías, examinando el nuevo Parlamento escocés, edificio moderno y por supuesto bastante polémico.
Escocia tuvo su parlamento desde 1293. Como hemos comentado, la unión con Inglaterra implicó su disolución, debiendo trasladarse los representantes escoceses a Londres. En 1998 los escoceses decidieron volver a tenerlo, además de un cierto grado de autonomía. 



Se encargó al catalán Enric Miralles el diseño de la obra. El resultado es casi chocante: mucha luz, muchos ángulos, mucha piedra, madera, vidrio... El edificio busca deliberadamente apartarse de los símbolos de poder: no hay esculturas de próceres, la entrada es a escala humana. Las sesiones son públicas, y de hecho son un buen programa turístico si uno tiene tiempo. (Tickets aquí). Además, son transmitidas por video a todas las bibliotecas públicas.
Juzguen ustedes...

Hemos llegado al fin de la Royal Mile.

Volvemos caminando. En el camino hemos tomado nota de una casa de té, Clarinda's, que parece prometedora... ahora entramos. Por fin una que se parece a lo que tengo en la imaginación! Aunque desde ya, estos establecimientos están abiertos todo el día y se pueden comer platos más contundentes a la hora del almuerzo.



Exquisitos scones y brownies, bajados con una buena tetera de té negro... aahhh!













Luego de esta restauración de tejidos, nos damos cuenta de que tanto caminar nos ha cansado. Es hora de hacer una pequeña inversión en un taxi... 



A descansar un rato en nuestro BB, y luego una cena en Cassis, muy buen bistró francés.. La zona donde estamos (Southside) está poblada con alojamientos, y hay unos cuantos lugares para comer recomendables. La novedad de la noche fue esta cerveza, según dice la etiqueta 'estacionada en roble'... la verdad es que era muy rica. 




Este video muestra el popular espectáculo Military Tattoo en su versión 2012.

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