viernes, 12 de abril de 2013

Edinburgo - primeras impresiones

#edinburgo #escocia
Contenido revisado y actualizado 10/2018
Contents revised and updated 10/2018


17 de setiembre de 2011


Salimos de Pitlochry y luego de un corto recorrido (115 km) llegamos a Edinburgh (suena como Édn borah). 

Cruzamos antes el Firth of Forth (estuario del Forth) por el importante puente rutero del Forth Road, al lado del famoso puente para trenes. (foto Wiki) 

Sin absolutamente nada de aprensión... más tarde me enteraría que el puente está siendo estudiado pues sus tensores se están oxidando más rápido de lo que se preveía... pensaban que iba a durar más de 100 años pero parece que va a llegar al 2020 con suerte.

 Tenemos tiempo... Los interesados en los aspectos técnicos, ver aquí.



Llegando a la gran ciudad, nuestro GPS insiste en que doblemos, las instrucciones que nos dieron dicen sigan... qué hacemos? 

A la tercera o cuarta insistencia de nuestra amiga oculta en el GPS, nos salimos de la autopista, y eventualmente llegamos a destino pero no por la vía más rápida.


Nos alojamos en el Gildun BB, en Southsideun barrio un poco al sur del 'centro' si por eso entendemos la Royal Mile

En estos barrios un tanto periféricos hay muchos BB, no siempre más baratos que los hoteles céntricos pero decididamente más personales y 'típicos'. 

Nos atiende Gerry, uno de los dueños, que muy eficientemente nos explica todo lo que debemos saber en unos minutos y pasa a atender a otros huéspedes. 

Descargamos las valijas, desempacamos, comemos algo y nos tomamos un
ómnibus al centro. 

Nuestro auto quedará estacionado aquí mientras permanezcamos en la ciudad. 

TIP: Nada de conducir en Edimburgo...


La configuración de la Edinburgh moderna es muy particular. 

En su centro, una depresión, que supo ser un lago, drenado en el siglo 19 para dar lugar a la expansión de la ciudad. 

Hoy es un parque espectacular, y lugar de la estación de ferrocarril. Puentes y rellenos artificiales unen las antiguas orillas, creando un conjunto sumamente interesante. 

Allí desembarcamos luego de unos 10 minutos de ómnibus. Aquí, una vista desde uno de los puentes.


Inmediatamente al sur del parque, se encuentra la famosa Royal Mile, que es el centro neurálgico del turismo. 

En realidad, son cuatro calles diferentes, cada una con su propia numeración: Castlehill, Lawn Market, High Street, Cannongate... nombres que recuerdan sus antiguas funciones. 

En un extremo, el Castillo, y en el otro, el Palacio de Holyroodhouse, una de las residencias reales actuales.

  

Recorrer esta calle en ambos sentidos es de rigor. 

Llena de pubs, ofertas de excursiones nocturnas para ver fantasmas, atracciones turísticas, algunas interesantes; y muchas, muchas tiendas. 

Regalos, tejidos, whisky... kilts, armaduras, llaveros, bufandas, sweaters, mantas, tartanes, todo con marca escocesa pero con algo de acrílico... 

Averiguamos por unas bufandas y la vendedora nos asegura que la manufactura es escocesa, pero no se atreve a jurar que el hilado lo sea.

Lo que más nos impresiona es la cantidad de gente. 

Ríos, multitudes. Muchos españoles, italianos, brasileños, japoneses...

Luego de todos estos días de bucólicos pueblitos y ciudades con mucho carácter, el choque se siente. 

Cómo extraño esos lugares donde sólo se escuchaban los acentos locales!

De vez en cuando, un edificio histórico. 

Aquí y allá, un hueco lleva a un pasadizo (close) entre dos edificios, así llamados porque originalmente se cerraban con puerta por las noches. 

 El close a su vez desemboca en un patio, o court. Allí, mirando para arriba, nos encontramos con bloques de departamentos antiquísimos de varios pisos. (tenements). 

Es que Edinburgh fue una ciudad de rascacielos desde hace ya muchísimos años. 

En muchos lugares, cuando había necesidad de construir, se techaba un close y se construía encima... el antiguo pasillo se convertía en un vennel o túnel. 

Demás está comentar las condiciones de salubridad de las viviendas que daban a los vennels... Finalmente se terminaban cerrando y se olvidaban. 

Hoy algunos han sido excavados y son visitables, como el Mary King's Close, al oeste. Visita guiada turistosa pero que permite apreciar la vida que llevarían los ocupantes de estos tugurios.

Del otro lado de la Royal Mile, el White Horse Close, tenement más aireado, fue luego taberna.

También podemos encontrar wynds, angostas callecitas curvas. 

Y gate quiere decir calle, recuerdo de los antiguos pobladores vikingos.

Hay que apurarse a ver la Royal Mile mientras guarde alguna semejanza a cómo era en el pasado. Dentro de poco tiempo, casi todo va a ser un gran paseo de compras y shows turísticos!

***
Caminamos un poco, tratando de ver los edificios principales.

La catedral de St. Giles es la iglesia más importante de Escocia, siendo el equivalente de la abadía de Westminster para la Iglesia escocesa. Aunque la fachada es neogótica y fue completada en el S19, el interior es S14 y 15.

La característica espira, con la forma de la corona de Escocia, data de 1495, cuando se reconstruyó el antiguo templo destruído por los ingleses, y es parte principal del panorama de Edinburgo desde esa época.


Llaman la atención algunos vitrales; el moderno órgano, uno de los mejores de Europa; el techo azul intenso y las hermosas nervaduras góticas que lo sostienen; los cuatro pilares centrales, de 1120... 

Hay también una estatua en bronce del reformador protestante John Knox, considerado el fundador del presbiterianismo escocés, que tiene la particularidad de no tener un lugar fijo, sino que se va reubicando cada tanto.



Con su insistencia en que cada creyente debía leer las Escrituras por sí mismo, Knox contribuyó a la alfabetización de las clases más bajas. 

Lo cual se supone que llevó, en años posteriores, a un resurgir del conocimiento y de las ciencias, a tal punto que Voltaire consideraba a Edinburgo la 'capital intelectual europea'... 

Como compensación, y aparte de atrocidades varias como las que criticaban a sus antagonistas, sus seguidores iconoclastas destruyeron mucho arte. En esta catedral se reemplazaron los vitrales por vidrios transparentes, y se blanqueó el interior a la cal. 

El tiempo devolvió la grisura a la piedra, y la sensibilidad victoriana nuevos vitrales a sus ventanas. En fin... todo en nombre de la religión. 

La catedral cuenta con guías que pasean por el interior, esperando las preguntas de la gente. Si se maneja el idioma, es recomendable charlar con ellos, pues por lo general son una fuente de información inagotable y amena.

Esto mismo ya lo hemos observado en otros sitios, tanto en Irlanda como en el Reino unido.

También, si tenemos tiempo, es posible disfrutar de conciertos gratuitos o pagos, averiguar los horarios!



Justo enfrente, vemos la Mercat Cross, o cruz del mercado. Representaba, en la Edad Media, el privilegio de un poblado de celebrar un mercado. Por lo tanto era una expresión del poder de dicho poblado. Por extensión, se usó también como lugar para hacer proclamaciones solemnes, y como punto de reunión. 

La Reforma se encargó de reemplazar las cruces con esculturas. Son muy comunes en Escocia, y hasta han sido llevadas a lugares de inmigración escocesa como Canadá o Australia. 

En Edimburgo, todavía hoy se acostumbra proclamar eventos muy importantes como la asunción de un nuevo rey o el llamado a elecciones generales, cerca de estos monumentos.

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En este paseo hay varias esculturas y placas que honran a personajes famosos.

Cerca de aquí, sobre su pedestal, Adam Smith medita sobre los imponderables de la historia.



Un poco más allá, a Bucéfalo  le cuesta mantener la pose, pero Alejandro, dee quien se dice que tenía una personalidad magnética y de caballos sabía mucho,  logra convencerlo para beneficio del escultor.

***
Llegamos, en esta primera vuelta, hasta el castillo, y compramos las entradas para el día siguiente, lo cual fue una buena inversión para ahorrar tiempo en la cola de entrada.


Caminamos en el sentido inverso.  

Muchos tenements antiguos han sido renovados... 

***
Ya se ha hecho medio tarde, y estamos en el fin del mundo. 

Worlds End, decían en alguna época (antes de 1856) los de Edinburgh. 

Su ciudad llegaba hasta una puerta y muralla.

Al este, paredón y después... otro poblado, Cannongate

Luego de ese año, adiós muralla y Cannongate es, como ya dijimos, parte de la Royal Mile.



Estamos de acuerdo en que si volvemos a cambiarnos, no salimos más... más conveniente es quedarse a cenar aquí mismo, en el World's End, en el pub del mismo nombre.

Me produce una sensación extraña no pensar en Tierra del Fuego al hablar del fin del mundo!


Comida de pub pasable, divertido, aunque un poco apretujados pues muchísima gente pugna por algo de comida (y sobre todo bebida) en este lugar.

Al retirarnos, me entretengo en una charla con un señor mayor, muy simpático, acodado sobre la barra. 

Bajito, de gran bigote que alguna vez fue rubio, vestido de inpermeable tipo Dick Tracy y sombrero, un paraguas en una mano y su rigurosa pint de cerveza en la otra.

Salvo algún que otro detalle menor, de la charla no entendí gran cosa. Su acento era sumamente cerrado. 

A él no parecía importarle la vaguedad de mis respuestas, y seguía con la charla.

La gente viene a estos lugares para compartir una o varias cervezas y conversar un poco. 

A mí tampoco me importó mucho... efectos benéficos de la cerveza.

Un taxi y a dormir...Mañana es domingo... hay que averiguar dónde podríamos ir a misa.

Hasta la próxima! Seguimos con Edinburgo!

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