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viernes, 19 de abril de 2013

Otro Edinburgo: New town.

Contenido revisado y actualizado Oct/2018
Contents revised and updated Oct/2018


19 de setiembre de 2011

Seguimos en Edimburgo

Nos levantamos temprano, disfrutamos del desayuno (ahora escocés) y salimos, llevando nuestra ropa a lavar. 

***
La dejamos en el lavadero y nos ofrecen un servicio muy conveniente: nos la mandarán, limpia, a nuestro alojamiento.


Tomamos uno de los ómnibus que lleva hacia el centro. Rápidos y confortables. Y por supuesto, los asientos están tapizados en tela escocesa!

Hoy nos evadimos de la famosa Royal Mile y nos concentramos en otro sector más agradable: New Town.

***
Ya en el S17, Edimburgo estaba quedando chica.

 Luego de la unión con Inglaterra, a principios del S18, vinieron años de estabilidad política, y también de presencia de escoceses influyentes en el parlamento de Londres. 

Para esa época, el comienzo de la revolución industrial, la alfabetización de la población y la ética de trabajo calvinista que habían introducido Knox y sus correligionarios, se conjugaban logrando una relativa prosperidad. 

Para responder a las necesidades habitacionales de una nueva clase, se imaginó un gran proyecto de urbanización, que requirió el desagote de un pequeño lago, el Nor Loch, que estaba inmediatamente al norte de la Royal Mile, donde se volcaban los desechos de la ciudad, y de donde se obtenía agua para todo uso... 

Con razón el lugar era insalubre! Los aromas de Edinburgo fueron celebrados hasta en la literatura: 'las flores de Edinburgo', les decían.

También el sobrenombre de la ciudad antigua: 'Auld Reekie' que significa vieja humeante u olorosa, alude tanto a los aromas predominantes como al aire viciado por las incontables chimeneas de los tenements.



Como dijimos antes, ese lago rellenado se convirtió en parque, y las antiguas orillas se conectaron con puentes. 

Del otro lado, se construyó todo un barrio en estilo Georgiano, alrededor de la bonita plaza Charlotte Square

Muy armonioso el conjunto neoclásico, y todo un ejemplo de urbanismo político, pues las calles se llaman Rose, Thistle (rosa y cardo, las flores de Inglaterra y Escocia), Princes, Queen, George... nació así la llamada New Town

Un proyecto extraordinario, llevado a cabo a través de los años... El resultado, aún hoy, es sorprendente.




Visitamos la mansión georgiana, (#7 Charlotte Sq.) muy interesante y bien mantenida

Luego de ver un DVD introductorio, vamos atravesando los distintos salones. 

Apreciamos la arquitectura y el mobiliario, y tratamos de asomarnos a la vida de las gentes que la habitaron... para lo cual tuvimos la ayuda de las voluntarias guardianas.

Estas simpáticas señoras no pierden oportunidad de ayudar a los visitantes y contarles la historia y las historias... son entusiastas, y muy conocedoras.

Idioma mediante, no perder la oportunidad de charlar un rato con  ellas.

Pero... cómo podían vivir estas gentes sin agua corriente? 

Las costumbres también se adaptaban a estas situaciones, por ejemplo, en las reuniones sociales había orinales en los salones, adonde se acercaban cada tanto los caballeros. 

Quiero suponer que habría un biombo, y que Las damas tenían un poco más de privacidad.


Visita obligada. Lástima que no se puede fotografiar...

Todo el barrio está hoy habitado, son residencias modernas y oficinas caras. Las fachadas neoclásicas son, por supuesto, intocables.



Luego de visitar la casa, paseamos por las calles del barrio... Princes, George, y la de moda, llena de restaurantes y pubs: Rose.


Recorremos los jardines (Princes Gardens), a los pies del castillo. 



Muy bonito parque, hay gente recorriéndolo y haciendo picnics, se ve que empleados de las oficinas de la zona aprovechan la hora del almuerzo para capturar aunque sea un poquito de sol.



Éste a veces aparece, como para no desilusionar, pero al ratito... otro poco de llovizna. 



El monumento a Sir Walter Scott, hijo dilecto de la ciudad, está en Princes St., justo al borde del parque, bajo una curiosa cubierta neogótica y acompañado de bustos de sus personajes y de otros poetas.



Cuando es evidente que necesitamos comer algo, no lo dudamos: volvemos a Rose St., a buscar un lugar de mariscos: Mussel Inn, parte de una cadena, muy popular, con buenos precios.

Bien restaurados luego de un delicioso plato de mejillones con papas fritas, nos vamos hacia el Museo Nacional de Escocia.

Bastante grande, tiene secciones dedicadas a la historia, a las ciencias y a los descubrimientos. 

Es imprescindible hacer una selección de lo que uno quiere ver para no marearse... difícil porque hay mucha gente y la organización parece un poco caótica. 

Están las espadas medievales y el auto de Jackie Stewart!




Todo tiene su explicación porque en realidad se trata de dos museos unidos: 


El más antiguo, el Museo Real, es una hermosa construcción victoriana en hierro y vidrio.



El otro, de diseño contemporáneo, dedicado más a aspectos geográficos e históricos escoceses.  



Para evitar el mareo, hay que ir de abajo hacia arriba... desde la prehistoria hasta los tiempos modernos. En teoría... siempre hay alguna excepción.



Este nuevo edificio, inaugurado en 2011 (Museo de Escocia), con sus referencias visuales a sitios escoceses como castillos almenados, causó gran revuelo por su estética.

Hasta el príncipe Carlos renunció como patrono porque no lo habían consultado... o habrá sido por estos murales? (las frases miden como 5 metros, solitas cada una en una pared...)






Por suerte hay una buena cafetería donde un té bien cargado nos devuelve las energías.

TIP: museo apto para niños, con algunas secciones interactivas.

Aquí un video que puede dejarles una idea más gráfica de este interesante museo, que es el segundo más visitado de Gran Bretaña, luego del British de Londres.



Un poco de descanso en el BB y vamos a cenar nuevamente en el Salisbury Arms, que tiene la inestimable ventaja de quedar muy cerca. Mañana nos levantaremos temprano!

***
Y la música? 

Con el ajetreo turístico no hemos podido disfrutar ningún espectáculo musical en Edinburgo. Pero les paso algunos datos que fui recogiendo...
  • lo 'típico' es casi una especie en extinción. Sólo se ven espectáculos muy 'kitch', muy turistosos. Hay muchos lugares que ofrecen 'cena y show folklórico'... si les atrae, pueden ahorrarse unas libras si no cenan y sólo ven el show. Con suerte, dan con buenos profesionales que por lo menos tocan y bailan bien.
  • Hay infinidad de pubs donde se hace música por las noches. Pero la mayoría se dedican al pop, dirigiéndose a una clientela joven que se interesa más por la cerveza que por la sociología. Otros pasan simples videos, muchos otros hacen jazz, rock, blues, caribeño...
  • Si hay tiempo y ganas de caminar por la noche por alguna zona con una buena concentración de pubs, por ejemplo Rose St. en New Town, o Grassmarket (bajo el castillo), el ruido y la cantidad de gente los van a ir guiando hacia los lugares de más éxito. Buena suerte!
  • Una buena fuente de información es el sitio online Gig Guide, con listado diario de eventos, por género.

Mañana seguimos hacia el sur... Escocia nos ha resultado muy interesante y agradable.

martes, 16 de abril de 2013

Edinburgo - el Castillo y más Royal Mile

#escocia #edinburgo
Contenido revisado y actualizado Oct/2018

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18 de setiembre, 2011.

Seguimos en Edinburgo

Buen desayuno. Es Domingo y salimos temprano para ir a misa. 

Hemos descubierto (qué útil que es Internet, no?) una parroquia aquí cerca, así que en una mañana desapacible nos acercamos.


La misa resulta ser un poco anticuada en la liturgia, pero la feligresía, muy variada, parece bastante cálida. 

A la salida todos se tratan como viejos conocidos. 

Saludando al celebrante (obispo residente) nos detecta aspecto de turistas y pregunta de dónde somos... en cuanto le decimos, continúa charlando en perfecto castellano... resultó que había estudiado en España.

Luego de este momento hispánico, nos tomamos el ómnibus hasta el centro. 

Caminamos la Royal Mile (High St.) hasta el castillo, y allí nos felicitamos por haber sacado los tickets de entrada con anticipación... las filas son larguísimas.

Inmediatamente antes del castillo, una gran explanada fue abierta a comienzos del S19, especialmente para desfiles militares. 

Hoy se usa para un espectáculo militar-musical, un masivo encuentro de bandas militares y otras cosas de relleno, llamado Military Tattoo, y las gradas instaladas quitan mucho la perspectiva del castillo. 

Pero, negocios son negocios... Este espectáculo es bastante popular, se da en agosto pero parece que las gradas van quedando y contaminando la vista.



A la entrada nos están esperando nuestros ya viejos conocidos William Wallace (Corazón Valiente) y Robert the Bruce. (Aquí habíamos comentado la historia.)


En el castillo, hay gente al por mayor, y la organización no es tan perfecta como en Windsor. Nos vamos arreglando, entrando y saliendo en los distintos salones, eludiendo la lluvia que a veces nos sorprende en algún patio. 



La guía grabada, por la cual se cobra aparte, es muy buena y nos va llevando por las diferentes épocas del Castillo. 

Nos concentramos en la parte histórica, arquitectónica y artística y pasamos de largo por los museos militares, que mayormente exaltan épocas modernas, donde los escoceses tuvieron lucida intervención en diferentes guerras.



Los panoramas de la ciudad son fantásticos desde las alturas del castillo. Como es de esperar. 

Serían mejores con buen tiempo, pero según dicen los escoceses, el clima que padecen es una de las desventajas de vivir tan cerca de Inglaterra!





Chiste de escoceses: 
_ Porqué en el castillo se dispara un  cañonazo a la una de la tarde?
_ Para no gastar más de una bala...

***
Completada la visita, salimos nuevamente a la explanada. Realmente insólito que la tengan ocupada con los andamios del famoso Tattoo...

Por ahí hay una plaquita recordando las 300 'brujas' que fueron ejecutadas aquí, en alguna de las cacerías que hubo entre los siglos 16 y 18. 

Hay quienes dicen que Escocia es el lugar donde más 'brujas' se quemaron per capita... 



Mas allá, un camioncito que vende helados tiene un día brillante. 

***
Seguimos bajando por la Royal Mile. Hay que ir mirando las callecitas laterales, algunas ofrecen vistas muy bonitas de las partes bajas de la ciudad, y otras son closes con acceso a patios antiguos muy interesantes.


Pasamos por el Scotch Whisky Experience, trampa turística no recomendable salvo que no se haya podido visitar una destilería de verdad, y uno se muera de ganas de hacerlo.
(Le dicen Malt Disney)



A los pocos pasos, la iglesia neogótica TolboothChurch, desacralizada, ahora oficia de Centro de Información y venta de tickets para las distintas actividades del Festival de Edinburgo, donde cada  Agosto la ciudad tira prácticamente la casa por la ventana con cientos de actividades culturales y artísticas de todo tipo. 

Aparte del festival oficial, están los extraoficiales y hasta hay uno de política, donde vienen invitados de todo el mundo y se debate sobre temas como ambiente, población, derechos... 

TIP: De paso, ojo con los alojamientos porque en esa época se ponen difíciles y caros. Simple oferta y demanda.

***
Siempre me produce un sentimiento de profunda melancolía una iglesia desacralizada. Qué habrá sido de sus feligreses? Dónde irán ahora, si es que van a algún lado?

***
Entre tiendas de artículos de lana, filas de postales y recuerdos para turistas seguimos caminando.




Guiño a lectores de Ayn Rand?.. no, este no es el personaje de 'La Rebelión de Atlas', es un novelista escocés homónimo... esta placa en el piso lo conmemora, con un título en Scots. (hay en las inmediaciones del Museo de Escritores varias de estas placas)

Visitamos la casa (edificio o tenement) Gladstone (Gladstone's Land), pequeño museo sumamente interesante, dado que la construcción se mantiene muy cuidadosamente.



Originalmente del S16, la propiedad fue comprada por Thomas Gledstane, próspero comerciante,

La renovó y expandió en el S17, usando la planta baja como negocio y el primer piso como su residencia, y alquilando el resto a varios inquilinos de distintas clases sociales. 

Nos quedamos pensativos, observando el mobiliario, la decoración y la falta de agua... este vital elemento había que buscarlo en la calle, donde regularmente espaciados había pozos que se alimentaban desde un reservorio central en el area de la explanada del castillo.

Al principio, estos tenements eran de lo mejor, y estaban en la mejor zona. 

Con el tiempo, al ir albergando cada vez más gente, las condiciones de vida fueron siendo cada vez peores... simplemente no había espacio, ni agua.

Llaman la atención las vigas de madera, profusamente decoradas con motivos florales, y las arcadas del frente, que protegían a los clientes del negocio. 

Estas arcadas eran comunes en la época pero hoy son las únicas que subsisten. En el cartel de la entrada hay un halcón dorado, en referencia a gled (por el dueño), que en gaélico significa halcón.

Pasamos también por una casa donde algunos suponen que vivió John Knox.



Llega, muy serio, luciendo su kilt, llevando una valija. 



El lugar que siempre ocupa está vacío... nadie se atreve a reemplazarlo. 



Meticulosamente, desenfunda su amada gaita escocesa, la arma...

Se coloca en esa puerta, que lo oye desgranar sus atávicos acordes casi todos los días... comienza el concierto. 



Así seguirá durante un par de horas...

Muchos caminantes siguen de largo, ya acostumbrados a sus sonidos. 

Otros se detienen y, como yo, aprovechan para llevarse una foto de recuerdo.

Previa y merecida propina, claro.

***
El estómago reclama. Paramos para un almuerzo agradable en el típico pub Deacon Brodie. (calidad regular, demasiado turistico, pero divertido). 

Se imponen unas líneas con respecto al nombre...


El extraño caso de Deacon Brodie.

William Brodie era un respetado artesano ebanista de Edinburgo, diácono (dirigente) de la corporación correspondiente, de numerosa clientela aristocrática y pudiente, y para coronarlo, funcionario público.

Todo eso, de día.
De noche, parece que se dedicaba a la juerga. 

Whisky, juego, mujeres...


Como no había dinero que le alcanzara (algunos sostienen que era por la adrenalina), comenzó a robar en las casas donde instalaba puertas o arcones, con el truco de hacer duplicados de las llaves que le confiaban. 

Hasta que lo pescaron.

Descubrimiento, fuga, apresamiento, juicio, condena y horca. 

Para colmo, la horca la había construído él!

Hasta ahí los hechos más o menos históricos.

Tiempo después, Robert L.Stevenson, edimburgués como él, se inspiraría en Brodie para su famosa novela 'El extraño caso de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde'.

***
Cruzamos el 'fin del mundo'... seguimos por Cannongate.

Pasamos por el Cadenheads Whisky Shop... esto no es un museo, ni se cobra entrada. 

Pero es todo un espectáculo. 

Se trata de una tienda que se dedica a embotellar whiskys, y otras bebidas espirituosas, directamente de barriles de las mejores destilerías.

Están en el negocio desde 1842 así que se ve que dominan el asunto. 

El conocedor seguramente disfrutará conversando con alguno de los dueños y probando un par de maltas, antes de comprarse alguna botellita.

Así llegamos al palacio de Holyroodhouse... llueve a ratos. Le damos muy buen uso a nuestros paraguas. 

Este palacio, residencia real, fue el preferido de la realeza escocesa y luego inglesa, por su mayor comodidad y lujo.

El castillo del otro lado de la Royal Mile es demasiado austero y militar...

Llegados hasta las rejas, decidimos que no tenemos tantas ganas de ver otro castillo/palacio, aunque también dicen que es muy buena la colección real rotativa de pinturas.


Merodeamos un poco por las cercanías, examinando el nuevo Parlamento escocés, edificio moderno y por supuesto bastante polémico.

Escocia tuvo su parlamento desde 1293. Como hemos comentado, la unión con Inglaterra implicó su disolución, debiendo trasladarse los representantes escoceses a Londres. En 1998 los escoceses decidieron volver a tenerlo, además de un cierto grado de autonomía. 



Se encargó al catalán Enric Miralles el diseño de la obra. 


El resultado es casi chocante: mucha luz, muchos ángulos, mucha piedra, madera, vidrio... 

El edificio busca deliberadamente apartarse de los símbolos de poder: no hay esculturas de próceres, la entrada es a escala humana. Las sesiones son públicas, y de hecho son un buen programa turístico si uno tiene tiempo. (Tickets aquí). Además, son transmitidas por video a todas las bibliotecas públicas.
Juzguen ustedes...

Hemos llegado al fin de la Royal Mile.



Volvemos caminando. En el camino hemos tomado nota de una casa de té, Clarinda's, que parece prometedora... ahora entramos. 

Por fin una que se parece a lo que tengo en la imaginación! Aunque desde ya, estos establecimientos están abiertos todo el día y se pueden comer platos más contundentes a la hora del almuerzo.


Exquisitos scones y brownies, bajados con una buena tetera de té negro... aahhh!

Luego de esta restauración de tejidos, nos damos cuenta de que tanto caminar nos ha cansado. Es hora de hacer una pequeña inversión en un taxi... 




A descansar un rato en nuestro BB, y luego una cena en Cassis, muy buen bistró francés.. 

La zona donde estamos (Southside) está poblada con alojamientos, y hay unos cuantos lugares para comer recomendables. 

La novedad de la noche fue esta cerveza, según dice la etiqueta 'estacionada en roble'... la verdad es que era muy rica. 


Seguimos en Edinburgo? Nos vemos la próxima.

viernes, 12 de abril de 2013

Edinburgo - primeras impresiones

#edinburgo #escocia
Contenido revisado y actualizado 10/2018
Contents revised and updated 10/2018


17 de setiembre de 2011


Salimos de Pitlochry y luego de un corto recorrido (115 km) llegamos a Edinburgh (suena como Édn borah). 

Cruzamos antes el Firth of Forth (estuario del Forth) por el importante puente rutero del Forth Road, al lado del famoso puente para trenes. (foto Wiki) 

Sin absolutamente nada de aprensión... más tarde me enteraría que el puente está siendo estudiado pues sus tensores se están oxidando más rápido de lo que se preveía... pensaban que iba a durar más de 100 años pero parece que va a llegar al 2020 con suerte.

 Tenemos tiempo... Los interesados en los aspectos técnicos, ver aquí.



Llegando a la gran ciudad, nuestro GPS insiste en que doblemos, las instrucciones que nos dieron dicen sigan... qué hacemos? 

A la tercera o cuarta insistencia de nuestra amiga oculta en el GPS, nos salimos de la autopista, y eventualmente llegamos a destino pero no por la vía más rápida.


Nos alojamos en el Gildun BB, en Southsideun barrio un poco al sur del 'centro' si por eso entendemos la Royal Mile

En estos barrios un tanto periféricos hay muchos BB, no siempre más baratos que los hoteles céntricos pero decididamente más personales y 'típicos'. 

Nos atiende Gerry, uno de los dueños, que muy eficientemente nos explica todo lo que debemos saber en unos minutos y pasa a atender a otros huéspedes. 

Descargamos las valijas, desempacamos, comemos algo y nos tomamos un
ómnibus al centro. 

Nuestro auto quedará estacionado aquí mientras permanezcamos en la ciudad. 

TIP: Nada de conducir en Edimburgo...


La configuración de la Edinburgh moderna es muy particular. 

En su centro, una depresión, que supo ser un lago, drenado en el siglo 19 para dar lugar a la expansión de la ciudad. 

Hoy es un parque espectacular, y lugar de la estación de ferrocarril. Puentes y rellenos artificiales unen las antiguas orillas, creando un conjunto sumamente interesante. 

Allí desembarcamos luego de unos 10 minutos de ómnibus. Aquí, una vista desde uno de los puentes.


Inmediatamente al sur del parque, se encuentra la famosa Royal Mile, que es el centro neurálgico del turismo. 

En realidad, son cuatro calles diferentes, cada una con su propia numeración: Castlehill, Lawn Market, High Street, Cannongate... nombres que recuerdan sus antiguas funciones. 

En un extremo, el Castillo, y en el otro, el Palacio de Holyroodhouse, una de las residencias reales actuales.

  

Recorrer esta calle en ambos sentidos es de rigor. 

Llena de pubs, ofertas de excursiones nocturnas para ver fantasmas, atracciones turísticas, algunas interesantes; y muchas, muchas tiendas. 

Regalos, tejidos, whisky... kilts, armaduras, llaveros, bufandas, sweaters, mantas, tartanes, todo con marca escocesa pero con algo de acrílico... 

Averiguamos por unas bufandas y la vendedora nos asegura que la manufactura es escocesa, pero no se atreve a jurar que el hilado lo sea.

Lo que más nos impresiona es la cantidad de gente. 

Ríos, multitudes. Muchos españoles, italianos, brasileños, japoneses...

Luego de todos estos días de bucólicos pueblitos y ciudades con mucho carácter, el choque se siente. 

Cómo extraño esos lugares donde sólo se escuchaban los acentos locales!

De vez en cuando, un edificio histórico. 

Aquí y allá, un hueco lleva a un pasadizo (close) entre dos edificios, así llamados porque originalmente se cerraban con puerta por las noches. 

 El close a su vez desemboca en un patio, o court. Allí, mirando para arriba, nos encontramos con bloques de departamentos antiquísimos de varios pisos. (tenements). 

Es que Edinburgh fue una ciudad de rascacielos desde hace ya muchísimos años. 

En muchos lugares, cuando había necesidad de construir, se techaba un close y se construía encima... el antiguo pasillo se convertía en un vennel o túnel. 

Demás está comentar las condiciones de salubridad de las viviendas que daban a los vennels... Finalmente se terminaban cerrando y se olvidaban. 

Hoy algunos han sido excavados y son visitables, como el Mary King's Close, al oeste. Visita guiada turistosa pero que permite apreciar la vida que llevarían los ocupantes de estos tugurios.

Del otro lado de la Royal Mile, el White Horse Close, tenement más aireado, fue luego taberna.

También podemos encontrar wynds, angostas callecitas curvas. 

Y gate quiere decir calle, recuerdo de los antiguos pobladores vikingos.

Hay que apurarse a ver la Royal Mile mientras guarde alguna semejanza a cómo era en el pasado. Dentro de poco tiempo, casi todo va a ser un gran paseo de compras y shows turísticos!

***
Caminamos un poco, tratando de ver los edificios principales.

La catedral de St. Giles es la iglesia más importante de Escocia, siendo el equivalente de la abadía de Westminster para la Iglesia escocesa. Aunque la fachada es neogótica y fue completada en el S19, el interior es S14 y 15.

La característica espira, con la forma de la corona de Escocia, data de 1495, cuando se reconstruyó el antiguo templo destruído por los ingleses, y es parte principal del panorama de Edinburgo desde esa época.



Llaman la atención algunos vitrales; el moderno órgano, uno de los mejores de Europa; el techo azul intenso y las hermosas nervaduras góticas que lo sostienen; los cuatro pilares centrales, de 1120... 

Hay también una estatua en bronce del reformador protestante John Knox, considerado el fundador del presbiterianismo escocés, que tiene la particularidad de no tener un lugar fijo, sino que se va reubicando cada tanto.



Con su insistencia en que cada creyente debía leer las Escrituras por sí mismo, Knox contribuyó a la alfabetización de las clases más bajas. 

Lo cual se supone que llevó, en años posteriores, a un resurgir del conocimiento y de las ciencias, a tal punto que Voltaire consideraba a Edinburgo la 'capital intelectual europea'... 

Como compensación, y aparte de atrocidades varias como las que criticaban a sus antagonistas, sus seguidores iconoclastas destruyeron mucho arte. En esta catedral se reemplazaron los vitrales por vidrios transparentes, y se blanqueó el interior a la cal. 

El tiempo devolvió la grisura a la piedra, y la sensibilidad victoriana nuevos vitrales a sus ventanas. En fin... todo en nombre de la religión. 

La catedral cuenta con guías que pasean por el interior, esperando las preguntas de la gente. Si se maneja el idioma, es recomendable charlar con ellos, pues por lo general son una fuente de información inagotable y amena.

Esto mismo ya lo hemos observado en otros sitios, tanto en Irlanda como en el Reino unido.

También, si tenemos tiempo, es posible disfrutar de conciertos gratuitos o pagos, averiguar los horarios!



Justo enfrente, vemos la Mercat Cross, o cruz del mercado. Representaba, en la Edad Media, el privilegio de un poblado de celebrar un mercado. Por lo tanto era una expresión del poder de dicho poblado. Por extensión, se usó también como lugar para hacer proclamaciones solemnes, y como punto de reunión. 

La Reforma se encargó de reemplazar las cruces con esculturas. Son muy comunes en Escocia, y hasta han sido llevadas a lugares de inmigración escocesa como Canadá o Australia. 

En Edimburgo, todavía hoy se acostumbra proclamar eventos muy importantes como la asunción de un nuevo rey o el llamado a elecciones generales, cerca de estos monumentos.

***
En este paseo hay varias esculturas y placas que honran a personajes famosos.


Cerca de aquí, sobre su pedestal, Adam Smith medita sobre los imponderables de la historia.




Un poco más allá, a Bucéfalo  le cuesta mantener la pose, pero Alejandro, dee quien se dice que tenía una personalidad magnética y de caballos sabía mucho,  logra convencerlo para beneficio del escultor.

***
Llegamos, en esta primera vuelta, hasta el castillo, y compramos las entradas para el día siguiente, lo cual fue una buena inversión para ahorrar tiempo en la cola de entrada.


Caminamos en el sentido inverso.  

Muchos tenements antiguos han sido renovados... 

***
Ya se ha hecho medio tarde, y estamos en el fin del mundo. 

Worlds End, decían en alguna época (antes de 1856) los de Edinburgh. 

Su ciudad llegaba hasta una puerta y muralla.

Al este, paredón y después... otro poblado, Cannongate

Luego de ese año, adiós muralla y Cannongate es, como ya dijimos, parte de la Royal Mile.



Estamos de acuerdo en que si volvemos a cambiarnos, no salimos más... más conveniente es quedarse a cenar aquí mismo, en el World's End, en el pub del mismo nombre.

Me produce una sensación extraña no pensar en Tierra del Fuego al hablar del fin del mundo!


Comida de pub pasable, divertido, aunque un poco apretujados pues muchísima gente pugna por algo de comida (y sobre todo bebida) en este lugar.

Al retirarnos, me entretengo en una charla con un señor mayor, muy simpático, acodado sobre la barra. 

Bajito, de gran bigote que alguna vez fue rubio, vestido de inpermeable tipo Dick Tracy y sombrero, un paraguas en una mano y su rigurosa pint de cerveza en la otra.

Salvo algún que otro detalle menor, de la charla no entendí gran cosa. Su acento era sumamente cerrado. 

A él no parecía importarle la vaguedad de mis respuestas, y seguía con la charla.

La gente viene a estos lugares para compartir una o varias cervezas y conversar un poco. 

A mí tampoco me importó mucho... efectos benéficos de la cerveza.

Un taxi y a dormir...Mañana es domingo... hay que averiguar dónde podríamos ir a misa.

Hasta la próxima! Seguimos con Edinburgo!