viernes, 16 de marzo de 2012

Lisboa: el Monasterio de los Jerónimos

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Seguimos en Belém. Descendemos del excelente mirador del Monumento a los descubrimientos, y cruzamos a través de la Plaza del Imperio hacia el Convento de los Jerónimos.



A su izquierda, ofrece un singular contraste el Centro Cutural de Belém, de líneas ultramodernas, que tiene un variado programa de exhibiciones de arte contemporáneo y eventos musicales. 

A pesar de su angulosidad casi ascética, me parece que combina bien con los otros monumentos, de tan exhuberante decoración.




El estilo Manuelino

El paso desde el gótico flamígero hacia el renacimiento está marcado en Portugal por la aparición de un estilo altamente original: el Manuelino. 

Nombre que se le dió mucho después porque se desarrolló mayormente durante el reinado del rey Manuel I, a comienzos del S16. 

Reflejo de la vocación marinera y el asombro por las tierras recién 'descubiertas', y también del creciente poderío y riqueza del país. 

Propaganda política o arte sublime? Todo nos viene mezclado a los humanos...

Ya hemos visto en Tomar, en Batalha, y en la Torre de Belém cómo cuerdas, nudos, plantas, flores, y animales de las nuevas tierras se mezclan con los símbolos de las casas gobernantes, de las ciencias de la navegación, los emblemas de la Orden de Cristo y con iconografía religiosa... hasta hay alcauciles (alcachofas), cabezas de navegantes y de negros africanos... y, en la Torre, un rinoceronte!

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Una pequeña digresión: a este rey Manuel I, le tocó resolver un problema sumamente enojoso y le encontró una solución 'a la portuguesa', parecida a la que doscientos años antes había dado su antecesor Dinis I al asunto aquel de los Templarios (ver Tomar).

Resulta que para casarse con Isabel, hija de los Reyes Católicos de España, le exigían que expulsara a los judíos. 

Como no quería perderse a los numerosos artesanos, comerciantes, científicos y banqueros de la comunidad, decidió convertirlos por decreto. 

Con lo que, si bien formalmente todos se convirtieron en cristianos, en privado muchos siguieron con sus creencias y rituales sin ser mayormente molestados. 

Lástima que esta situación duró sólo unos 30 años, pues su sucesor, Juan III, fundó en Lisboa el Tribunal del Santo Oficio en 1536... y se pudrió todo.

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Estamos entonces frente al impresionante monasterio. 
Admiramos primeramente el portal sur y su profusa decoración.


Y luego pasamos a la entrada a la Iglesia de Santa María por el lado oeste... Aquí nos encontramos con verdaderas multitudes que pugnan por ingresar por una puerta a medio abrir pues los empleados explicaban que pronto se cerraría, debido a la celebración de... una boda!


Caramba... pero a quién se le ocurre casarse e impedirnos ver esta maravilla? Damos una vuelta rapidito admirando la nave con sus seis columnas, decoradas por completo,
  

y la singular bóveda que corona las tres naves de una misma altura, formando un verdadero bosque de piedra. 

Es notable pero esta estructura resistió el terrible terremoto de 1755.


Una parada obligada para admirar las tumbas de Vasco da Gama



y Luis de Camôes


El dichoso casamiento termina siendo el 'mal que por bien viene' porque nos obliga a pasar al piso superior desde donte tenemos unas vistas privilegiadas.


Luego pasamos al claustro, otra maravilla y verdadero muestrario de motivos manuelinos...



Finalmente, una vuelta por el refectorio, con sus paredes azulejadas.


Ya están cerrando... hora de retirarse. 

Las multitudes y la boda no han opacado nuestra visita, aunque de poder elegir, es conveniente venir en día de semana, a primera o a última hora.

Nos quedamos sin tiempo para más, pero hay otras cosas visitables y muy recomendables en Belém:
  • El Museo de la Marina, dedicado a la historia y tradiciones náuticas.
  • El Museo de Carruajes, con una colección de coches impresionante.
  • El Jardín de Ultramar, con especies vegetales de los lugares que han tenido influencia portuguesa, como para un buen paseo relajante.

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