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jueves, 16 de julio de 2015

Vagando por Mont Saint Michel - 4

#montsaintmichel


Completada nuestra visita a la #abadia, salimos y bajamos ahora por las murallas, para tener una buena vista de la bahía y evitar las multitudes.
Un paseo muy agradable, cuesta abajo y con muchas oportunidades fotográficas.



La caminata por el camino de ronda también nos da la oportunidad de apreciar detalles de las murallas y sus torres.
Una escalera a mitad de camino conecta con la Grand Rue, o sea que se puede alternar entre un camino y otro.
Varios restaurantes que tienen entrada por la calle principal tienen buenas vistas sobre la bahía, y/o terrazas donde también se puede mirar hacia arriba y ver la inmensa mole de la Maravilla.
Pero no sólo de bellezas naturales, arquitectónicas o espirituales vive el hombre. También hay que comer.
Aquí tenemos especialidades normandas como los mariscos en general, los mejillones con crema fresca y por supuesto las galettes o crêpes. (ver mi post sobre Normandía)
Los restaurantes no se distinguen por la originalidad, sí por el precio. Cuidado...
Lo típico del lugar es el cordero salado (del que ya hablamos) y los inmensos omelettes inflados (omelette montoise,omelette tradition) cuya invención, siglos atrás, se atribuye a la semi-legendaria Madame Poulard. Desde entonces se volvieron populares con los peregrinos. A la entrada nomás de la calle principal, está el restaurant La Mère Poulard, donde se cocinan en unas sartenes de cobre con larguísimos mangos de madera. Siguen siendo populares con los turistas, y mirar un rato cómo se baten los huevos para lograr el 'inflado' y cómo se cocinan es gratis. Si desean probarlos, les aconsejo algún otro lugar, pues éste es demasiado caro.
Como dije más arriba hay varios retaurantes más o menos económicos, y dependiendo de la hora y del clima podrás conseguir una mesa con buena vista.
Mont Saint-Michel es un lugar con muchos recovecos, escaleras o jardines como para hacer un picnic romántico con buena vista.

Hay mucha oferta de sandwiches, pizza, ensaladas, bebidas, etc. en la calle principal.
TIP: Pero si se busca mejor calidad y menor precio, mejor llevarse algo comprado afuera. Hay un pequeño supermercado en el Hotel Vert, antes del puente de entrada.
Luego de la visita a la abadía, paseamos y almorzamos. Una galette, un bol de sidra y a seguir!

Durante la tarde, volvemos a caminar de arriba abajo. Nos animamos a desafiar a la multitud en la calle, subimos y bajamos escaleras, descubriendo interesantes rincones.

La imaginación de los comerciantes para elegir nombres es simpática!
Gente, gente, gente... ya lo dijo alguien: l'enfer sont les autres.

Hay lugar hasta para la política.
Como es sábado, aprovechamos que hay misa a las 18hs en Saint Pierre, diminuta iglesia parroquial (S15-16), mucho más acogedora que la abacial y con menos gente. Nada especial por fuera, es fácil no verla... está situada a mitad de camino por la Grand Rue, al lado del pequeño cementerio del poblado.
 Como no podría ser de otra manera en este lugar, hay una imagen del Arcángel, en plata, donada por pilotos de la RAF luego de la II guerra. Otras imágenes de interés: Juana de Arco, y Santa Ana instruyendo a la niña María.
Por suerte invitan a Gloria a leer una de las lecturas. Al cura y a los otros lectores no les pude entender nada!
Llega la hora de la cena. Una visita finalmente realizada, luego de años de estar en la 'lista de espera', bien vale un pequeño lujito. Elegimos un restaurante no muy caro, Du Guesclin. Con vistas a la bahía, tiene un ambiente agradable, y es posible tener una mesa cerca de la ventana. Probamos moules marinière (mejillones en un simple caldo), y el famoso omelette. Francamente, una desilusión... huevo batido adentro y una fina capita cocinada. Menos mal que nos salvó el postre: una conservadora mousse de chocolate. Lo dicho: no es buen lugar para la comida. Pero es un muy buen lugar para estar! 
Ya cae la noche... vamos bajando y la navette nos lleva al estacionamiento. A dormir, copita de calvados mediante, que mañana tenemos otro gran día.

En la próxima, nos vamos para Bretaña. Mantengan la sintonía!

sábado, 11 de julio de 2015

Mont Saint Michel - Visitamos la Abadía - 3

Ya estamos en la pequeña isla de Mont Saint Michel.
Como vimos en el post anterior, nuestra primera prioridad será visitar la #abadía. Cruzamos el puente. 

Por si lo necesitás, a la entrada nomás está el Centro de Información, con mapas, baños y horario de las mareas.
La opción más directa para subir es tomar la calle principal. También la más incómoda en temporada y en ciertas horas del dia. Tiene algún encanto, como la mayoría de los antiguos pueblitos franceses, cuando hay poca gente, pero en general no da para mucho.
Más aconsejable para la subida es el camino de ronda, a lo largo de las murallas que rodean en forma circular al pueblo y la abadía. Tomando hacia la derecha, luego de atravesar la puerta amurallada, vamos por el lado más bajo que da al agua. La calle vuelve por arriba de la Grand Rue. Para bajar, ya la cosa será más fácil y si la multitud lo permite es factible tomar la Grand Rue. Es todo muy chico y hay escaleras que conectan los distintos niveles. Con un mapita que conseguís en el Centro de Información, a la entrada, te ubicás enseguida.
Vayamos despacio, la subida nos tomará entre 20 y 30 minutos.
Por fin, llegamos a la Abadía.
Pagamos nuestra entrada. Una vez que te vas, el ticket pierde validez, aunque te podés quedar todo lo que quieras, inclusive después de las 19hs, cuando en verano todo se ilumina y hay música. En la iglesia abacial hay misas a las 12.25 salvo los lunes.
Al ingresar, en Accueil (recepción) se exhiben varias maquetas del Monte en sus distintas épocas históricas. Hay excelentes audioguías disponibles, y también visitas guiadas, a veces en inglés. Gratis, pero una propina se espera.
La visita es bastante dirigida, Hay un sentido lógico de circulación de la gente, aunque es posible volver sobre tus pasos.

Desde la Terraza Oeste hay una maravillosa vista de la bahía. Hacia un lado Normandía, hacia el otro, Bretaña.
La iglesia abacial. Por fin alcanzamos el objetivo de millones de peregrinos. Una pequeña estatua de San Miguel, con su lanza para vencer dragones y su balanza para pesar almas, nos da la bienvenida desde un pilar a la izquierda del altar, con sus herramientas listas.
La mayor parte de la iglesia ostenta un estilo románico. El ábside, mucho más luminoso, se reconstruyó en estilo gótico luego de que se desmoronara el original. Muy pocos vitrales han sobrevivido al paso del tiempo y la Revolución.
Luego pasamos al Claustro, lugar de retiro y meditación para los monjes y también de cultivo de hierbas aromáticas y medicinales. Todo aquí recordaba al jardín del Edén, hasta las decoraciones entre columnas, con bajorelieves de plantas. La curiosa disposición de las columnas asegura una mejor distribución del peso del techo.

Es el turno ahora del Refectorio, donde los monjes hacían sus comidas y también se alimentaban, en silencio, de la Palabra, mientras uno de ellos leía pasajes bíblicos en un púlpito. Observamos las columnas, que con su forma rectangular dejan pasar la luz y son a su vez masivas. Soportan un gran arco, impresionante para su época.
Bajamos ahora unas escaleras y vemos un bajorelieve del Santo Arcángel.
Curioso porque ilustra la leyenda sobre los orígenes del Monte, que ya mencionamos. Pero con más detalles. Porque como el bueno del obispo Aubert no confió en su sueño luego de que San Miguel se le apareciera dos veces, en una tercera éste le golpeó la cabeza con su pulgar. Tan fuerte fue el golpe que al opispo le quedó una marca que no pudo luego negar.
Tras más escaleras, pasamos al Salón de Huéspedes, donde eran agasajados los visitantes de acuerdo a su dignidad, es decir, podía haber allí comida y bedida en cantidad y calidad. Los monjes seguían una via simple, de acuerdo a la regla de San Benito: 'ora et labora', o sea, ora y trabaja.
Este salón, en cambio, tenía su techo decorado en azul real con estrellas doradas... como la Sainte-Chapelle de París, más posterior.
En el Salón de los Grandes Pilares, estamos bajo el ábside de la iglesia. Cuatro criptas soportaban la estructura superior, la predecesora de ésta se derrumbó en 1421 y la reconstruyeron bien sobredimensionada, para no errarle.
La Cripta de Saint Martin, del siglo 11, con gruesas paredes y casi sin aberturas, soporta como las otras el peso de las construcciones superiores.
Osario y rueda elevadora.
Como el lugar para el cementerio de los monjes era muy pequeño, a veces era necesario desalojar a sus ocupantes para hacer lugar a nuevos huéspedes. De manera que sus huesos eran acomodados con respeto en este Osario.
La rueda elevadora se usaba para la construcción y luego para subir a las alturas diversas mercaderías. Obreros primero, luego monjes y por último presidiarios, en grupos de seis, caminaban dentro y la hacían rotar, a la manera de hamsters. Gruesas sogas sujetaban trineos que eran elevados por un plano inclinado.
Finalizamos en el Scriptorium o Salón de los Caballeros.
Aquí trabajaban los monjes copiando e iluminando manuscritos.
Después pasamos por el consabido Gift Shop y alcanzamos la salida al
Jardín.
Desde aquí tenemos unas vistas impresionantes hacia arriba y podemos apreciar porqué este edificio recibió el nombre de Le Merveille (la maravilla)
desde el siglo 13. Una verdadera representación del mundo medieval, con diferentes niveles para la gente común, los VIPs y el clero. 
Hemos completado nuestra visita a la famosa Abadía. 

Ahora, a disfrutar las horas que nos quedan vagando por el pueblito, apreciando los paisajes y restaurándonos. Mantengan la sintonía, ya viene la última parte!

lunes, 4 de mayo de 2015

Llegamos a Mont Saint Michel - Francia


Llegando a Mont Saint Michel - primera impresión
Tengo al #Mont_Saint_Michel en mi lista mental de lugares a visitar desde que tengo memoria viajera. Desde que ví por primera vez su imagen me quedó grabada. Por años tuve esa asignatura pendiente y ahora es el momento de hacer ese deseo realidad. 
Luego de quedarnos un buen rato examinando los restos de las baterías alemanas de Longues-sur-Mer, imaginando los destrozos que eran capaces de hacer... se nos ha hecho hora de tomar la ruta que nos llevará a nuestro destino.

El amigo GPS decide hoy llevarnos por caminos rurales... quizá sean más directos. Decididamente no logramos indicarle nuestros deseos... que a esta hora se inclinan más a las autopistas.
Eventualmente llegamos a la ruta que estamos buscando, la D275, donde se encuentra nuestro BB. 
TIP: Hay algunos hoteles propiamente en la isla, generalmente sobrevalorados y ruidosos. Para mí, mejor alojarse en tierra firme, cerca del estacionamiento (no hay manera de entrar con auto a la isla)
Nosotros elegimos el 'chambres d'hotês' Le Vent des Grèves, sencillo pero excelente ubicación y precio. Y la vista, como dije es excepcional.
Las habitaciones tienen vista directa al monte! De noche, todo iluminado, nos produce una impresión imborrable.
Ya ubicados, salimos a cenar... por la ruta encontramos un lindo lugar, y probamos algo típico de la región: el guiso de cordero. La bahía de Saint-Michel ha sido polderizada, los suelos tienen alto contenido de sal. los pastos son resistentes y las ovejas los comen... dicen que eso le da a la carne un sabor especial. La llaman agneau de pré-salé. Lamento comentarlo pero no me pareció nada especial.

Pero como estamos en Normandía, lo arreglamos con una buena crêpe!